Publicado el 22 septiembre, 2020 a las 11:21 am / Destacamos / Noticias / 93 lecturas

Ejercicio físico y metabolismo óseo

Por: Patricio Espergel

Nuestro sistema músculo esquelético cumple importantes funciones de locomoción, mantención de la postura, sostén de estructuras y otras menos conocidas como control térmico y reservorio de sustancias fundamentales para el funcionamiento y homeostasis celular. 

Formado por distintos tipos de tejidos como el muscular, óseo y cartilaginoso, constituyen un sistema permanentemente demandado por diferentes cargas mecánicas internas y externas para dar respuesta al complejo fenómeno del movimiento. El tejido óseo, aunque no lo pareciera, tiene gran actividad metabólica y constante actividad celular. El hueso pareciera ser un objeto inerte sin vida, pero lejos de ello, posee una intensa actividad fundamental para nuestras funciones. Por ejemplo, la extraordinaria reparación ósea, producida inclusive ante dramáticos casos de daño sobre su estructura (fracturas), lo comprueba. 

Una correcta y adecuada nutrición resulta clave para la mantención del tejido óseo, pero por sí sola no es capaz de evitar la pérdida de masa ósea (osteopenia) producida por la edad. Es conocido que el principal estímulo para evitar la pérdida de masa ósea en el adulto mayor está constituido por la carga y los mayores niveles de actividad física. La suplementación de vitaminas, proteínas, probióticos contribuyen a preservar la masa ósea, pero sin la presencia de la carga como expresión del ejercicio físico resulta insuficiente. 

¿Cuál es entonces el factor de riesgo modificable más importante en la preservación de la masa ósea y aparición de la osteoporosis? La inactividad física. Si no hay estímulo mecánico no hay preservación de la masa ósea y mantención del estatus tisular. 

El ejercicio físico resulta fundamental no sólo para la mantención de músculos tonificados y fuertes. Huesos y músculos constituyen una unidad funcional que se encuentran conectados química y metabólicamente, de manera que aquel que no practica ejercicio disminuirá su masa muscular (sarcopenia) y aquel que desarrolle sarcopenia sufrirá osteopenia en consecuencia. 

Las células óseas (osteocitos) censan la tensión mecánica y controlan la regeneración y construcción del hueso, así el estímulo mecánico es el principal agente osteogénico. Con los años, la hipoactividad, sedentarismo, tendrá un impacto negativo en el hueso y la realización de ejercicios sólo con gravedad no bastará para mantener el metabolismo óseo. El hueso requiere de la carga para mantener su indemnidad. Por ejemplo, el ejercicio acuático es adecuado, porque propone una serie de condiciones importantes en la práctica deportiva, pero no se debe olvidar que el hueso necesita de la carga para su metabolismo y actividad biológica.