Publicado el 2 julio, 2024 a las 11:19 am / Breves / Destacamos / Noticias / 46 lecturas

Amarras a las sillas y rostros con hormigas: las crudas denuncias contra hogar de ancianos en Quillota

Por: Prensa Radio Patagual

Extrabajadoras del recinto denunciaron a las cuidadoras de adultos mayores de la institución Kentucky por malos tratos.

Dos extrabajadoras del hogar de ancianos Kentucky, de Quillota, denunciaron con distintos registros los malos tratos de las cuidadoras hacia los internos.

En un reportaje emitido por Canal 13, se puede ver cómo una residente aparece con el rostro cubierto de hormigas.

Los testimonios

«Después tocó mudar y en ese momento me di cuenta que la abuelita estaba con hormigas. Fue horrible. Yo creo que estuvo bastante tiempo porque cuando la limpié, quedaron marcas», dice una de las ex trabajadoras, según consignó Publimetro.

«Me tocó muchas veces ver cómo ella maltrataba, golpeaba o les prohibía comer porque según ella estaban en sobrepeso o por restricción médica», agregó.

Asimismo, en el reportaje, otra exfuncionaria denunciaba que una mujer amarraba a los adultos mayores a las sillas. «Ella lo amarraba desde el estómago con sábanas, con tiras, lo empujaba, como lo hacía con otro adulto que lo encerraba en las piezas«, indicó.

Vale destacar que el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) fiscalizó el hogar luego de la presentación de la denuncia de las dos extrabajadoras en la PDI, razón por la que se inició un sumario en contra de la trabajadora que habría sido la responsable de los malos tratos.Se defendieron

Eso sí, desde la administración del hogar Kentucky se defendieron diciendo que «hay hormigas en el verano. Muchas hormigas. La cuidadora de ese tiempo, quizás, al darle alimentación, porque es una señora que está dependiente severa, no se le hizo bien el aseo, quedaron restos y las hormigas treparon».

También, expresaron que las amarras en las sillas pudieron deberse a que «la contención no era, quizás, la adecuada. Se usaron con él, pero él en un momento que las rompía… no había forma de mantenerlo quieto».