El caso del asesinato de Cristóbal Miranda (20), joven golpeado brutalmente en una fiesta de Año Nuevo, dio un vuelco estremecedor tras las revelaciones del abogado querellante, Remberto Valdés. Según la investigación, el ataque no fue una riña, sino una agresión coordinada por 16 personas a través de un grupo digital.
El abogado detalló la existencia de un grupo de mensajería denominado «Tokyo Manji» (en alusión a una banda de anime japonés), donde los involucrados habrían planificado detalladamente la agresión.
«Se habían puesto de acuerdo estas 16 personas en el chat, decidiendo ‘pitearse’ a los Miranda… dejarlos vegetales e iban a hacerlo 16 contra dos», sentenció Valdés, calificando el hecho como la «Operación Venganza».
La querella no solo apunta a los agresores físicos, sino que busca ampliar la responsabilidad penal a los organizadores y dueños del inmueble donde se realizó el evento. Entre las graves negligencias detectadas se encuentran:
Aforo triplicado: Se superó con creces la capacidad permitida.
Falta de seguridad: No existían guardias suficientes, medidas de contención ni ambulancia.
Abandono: Cristóbal solo recibió auxilio de su hermano Vicente, quien lo trasladó por sus propios medios a una clínica tras la golpiza.
Valdés confirmó que gracias a la aparición de un nuevo testigo, la identificación y detención de al menos tres nuevos implicados es inminente. Asimismo, hizo un llamado a las cerca de dos mil personas que asistieron a la fiesta para que entreguen antecedentes de manera anónima: «Tienen el deber moral y legal de aportar a la investigación».
La familia busca el presidio perpetuo para los responsables, bajo la figura de homicidio calificado con premeditación y alevosía.