Publicado el 22 septiembre, 2022 a las 1:05 pm / Breves / Destacamos / Noticias / 199 lecturas

Coldplay en Chile: el triunfo del rock amarillo

Por: Prensa Radio Patagual

Este fue el segundo de los cuatro conciertos de la banda en Chile en el marco de su tour «Music of the Spheres». La agrupación volverá a tocar el 23 y 24 de septiembre.

Camila Cabello (25) se contonea con un traje multicolor, invita a perrear y asegura que la fama del público chileno está completamente justificada, mientras telonea la gélida primera noche de Coldplay a tablero vuelto en el Estadio Nacional. Sobrevino una larga pausa con las pantallas gigantes repitiendo videos y avisos de las acciones patrocinadas por la banda británica para hacer del planeta un lugar más limpio, habitable y solidario, una tradición del rock que se remonta a los días en que a George Harrison se le ocurrió un concierto en beneficio a Bangladesh hace 51 años.

Cuando el show sumaba media hora de retraso, apareció en el escenario una mujer con acento argentino solicitando al gentío de la cancha que se moviera a la izquierda, sino el espectáculo se vería amenazado. Nadie entendió muy bien la instrucción, y el público se mantuvo mayoritariamente en su sitio. Más anuncios para un mejor planeta, otros describiendo acciones en el estadio que ayudarán a contar con energía para el concierto de esta noche, y direcciones web para comprar merchandising con tenues sintetizadores de fondo, como una versión anémica de la intro litúrgica de Where the streets have no name, el clásico de U2 que inspira unas cuantas creaciones de Coldplay. Nada de un setlist propicio para calentar el ambiente que helaba en el Nacional con esporádicas gotas, sino la compañía de sintes arrulladores.

Rozando los 40 minutos de espera, una pareja se asomó al escenario. Él se presentó a los gritos como Rodrigo, ella pronunció algo ininteligible, pero ambos estaban claramente emocionados por anunciar al conjunto londinense formado en 1996.

Se escucha Flying theme de la banda sonora de E.T. (1982), el clásico familiar de Steven Spielberg. De pronto las pantallas muestran imágenes en blanco y negro del cuarteto liderado por Chris Martin, caminando decididos en bastidores rumbo al escenario. Se activan las 35 mil pulseras luminosas disponibles, explota el cotillón cubriendo gran parte de la cancha, se encienden las tres pantallas con imágenes multicolores, y Coldplay se toma el Nacional con High power a discreto volumen, y una textura poco natural. El bajo de Guy Berryman suena plástico, la caja de la batería de Will Champion lleva efecto, la guitarra de Jonny Buckland con su economía de acordes aprendida de The Edge aporta con lo justo, para que el sello final lo marque Chris Martin, su voz inalterable y la imagen de un joven eterno, dueño del carisma suficiente para sostener la atención sin descanso, a pesar de la generosidad visual del espectáculo.

El encanto de la pulsera que funciona en determinados temas permanece inalterable. La imagen del estadio encendido en clave multicolor con decenas de miles de asistentes moviendo los brazos, resulta conmovedor. Las cámaras captaron a personas emocionadas hasta las lágrimas.