Publicado el 28 octubre, 2025 a las 12:42 pm / Breves / Destacamos / Noticias / 186 lecturas

Pescar no es delito: No más criminalización de la actividad artesanal

Por: Prensa Radio Patagual

Pescar se ha convertido en un delito para los pescadores artesanales. Su esfuerzo hoy está siendo castigado: lo que antes era un trabajo digno y reconocido, se ha transformado en una actividad tratada con sospecha, sancionada a priori.

Así se desprende de las recurrentes sanciones aplicadas por las autoridades, por regulaciones que, en la mayoría de los casos, afectan expresamente a la pesca artesanal, que opera bajo normativas draconianas. Es el Servicio Nacional de Pesca, Sernapesca, el que tipifica y valoriza las infracciones y sugiere una sanción, pero generalmente define montos imposibles de pagar para los artesanales. Y no hay espacio de apelación a estas multas y cuando se judicializan, como no existen tribunales que entiendan de pesca, los jueces siguen las directrices que ha fijado Sernapesca. En la práctica, Sernapesca se convierte en juez y parte. 

Las leyes actuales, en lugar de proteger esta actividad productiva, clave para la Región del Biobío, se ha centrado en penalizarnos, con multas que muchas veces exceden los 20 millones de pesos, sumas que son demoledoras para cualquier armador o patrón de barco. 

Con estas multas multimillonarias y el excesivo rigor por parte del Sernapesca, lejos de reconocer los riesgos y aportes que implica el trabajo en el mar, las autoridades pesqueras han optado por sancionar y perseguir a quienes vivimos de las faenas artesanales.

Sernapesca, que debería ser un aliado técnico para mejorar nuestras prácticas y fortalecer el sector, se ha convertido en un actor represivo, distante y desconectado de la realidad de las caletas. Sus fiscalizaciones, más que velar por la sustentabilidad, parecen tener como meta solo aplicar multas, sin entender que detrás de cada acta hay una familia que depende de ese recurso.

Los pescadores artesanales, especialmente del sector pelágico (sardina, anchoveta y jurel), y demersales (jibia, reineta y merluzas)  estamos viviendo una verdadera persecución administrativa y judicial. Se nos multa y se nos juzga sin derecho a defensa, bajo un sistema que carece de la presunción de inocencia.

Nos aplican sanciones millonarias por supuestas infracciones menores, mientras la gran industria pesquera cuenta con departamentos legales, asesores y poder económico para dilatar o revertir procesos. A nosotros, en tanto, se nos condena de inmediato, muchas veces sin siquiera acceder a una defensa oportuna. Eso no es justicia: es abuso institucional.

¿Por qué se criminaliza al pescador artesanal, que es el primero en defender el mar, el que vive de él y lo cuida porque sabe que sin recurso no hay futuro? Esta desigualdad en el trato revela una política pública diseñada desde Santiago, sin diálogo ni comprensión del territorio y que ve a los pescadores, no como socios en la gestión del mar, sino como potenciales infractores de la ley.

Ha llegado la hora de cambiar este modelo de fiscalización injusto. Necesitamos un nuevo trato entre el Estado y la pesca artesanal, donde Sernapesca asuma un rol de acompañamiento, educación y fomento. Queremos procesos transparentes, con derecho a defensa y con un enfoque humano, no únicamente punitivo.

Requerimos que la Armada y Sernapesca establezcan lineamientos claros y equitativos para garantizar seguridad y sostenibilidad. Que Sernapesca actúe como una institución al servicio del sector pesquero y no como un órgano que solo agobie a la actividad artesanal.

Los pescadores artesanales del Biobío no pedimos privilegios: exigimos respeto. Queremos reglas claras, justicia y proporcionalidad. No puede ser que se nos persiga por un error administrativo, mientras se cierran los ojos ante las prácticas de concentración, depredación y abuso en el sector industrial.

La institucionalidad pesquera no puede seguir ciega a la realidad costera. Somos parte de la historia viva del mar chileno, guardianes de una tradición que no puede seguir siendo castigada por ejercer el oficio que le ha permitido su subsistencia durante siglos.

 

Rosendo Arroyo, integrante Mesa Pelágica de Coronel.